Sin duda que todos hemos podido darnos
cuenta de la gran cantidad de perros y gatos que se encuentran vagando
por las calles de nuestro país y en todo el mundo, teniendo en
consideración que su magnitud es distinta de acuerdo a normas
de tenencia responsable, buenas y eficaces normas de salud y por supuesto
una GRAN CULTURA.
El término abandono proviene del
franco "abandonner", derivado de la voz germánica "van"
que significa "orden de castigo". En este sentido, el acto
de abandono de un animal corresponde al proceder humano a través
del cual lo desampara, dejándolo en un lugar, apartándose
de él, cesando toda relación, descuidando sus intereses,
aseo y compostura, rendido a adversidades y contratiempos. Bajo este
concepto el abandono equivale a un castigo o sanción impuesta
sobre el ser animal, pero toda pena sólo es aplicable a quien
haya cometido falta o delito. Y al efecto, ¿Cuál es la
falta, culpa o dolo en que incurrido el animal para ser acreedor a la
sanción de abandono?.
Si los parámetros de la conducta
humana son los inherentes a su exclusiva naturaleza, nada más
injusto que castigar a un ser inocente, condenándolo a vida indigna
y riesgo permanente. El abandonar un animal es por tanto un acto inhumano,
esencialmente inmoral, por lo cual se considera un gesto cobarde, pues
por su intermedio busca evadir su responsabilidad frente al animal que
abandona.
El animal al ser abandonado es sometido
a las inclemencias naturales, privaciones radicales, enfermedades, dolor,
muerte violenta o lenta agonía, por lo cual al ser abandonado
dependerá básicamente de la capacidad de resistencia orgánica
con que la naturaleza lo haya dotado.
"Es convicción que la expresión
del rostro de un animal abandonado representa una verdadera lección
de humanidad".
Gran parte de este escrito fue tomado del
libro Animal Urbano: Un Imperativo Ético, sin embargo es impresionante
ver en la clínica diaria los distintos grados de maltrato animal,
en donde se observa alta infestación de parásitos externos
(pulgas y garrapatas), sarna, quemaduras diversas, mal estado físico,
agresividad, temor y otras, como también una preocupante falta
de información acerca de las enfermedades que nuestras mascotas
nos pueden transmitir, situación que todos nosotros, los Médicos
Veterinarios debemos informar en forma adecuada y responsable, entendiendo
que todo se dirige a un correcto equilibrio de dueño-mascota
en condiciones de óptima salud, tanto para nosotros como para
nuestras mascotas, insistiendo a toda nuestra ciudadanía comenzar
a tomar medidas frente a todas aquellas personas que ejercen ilegalmente
nuestra profesión y tener manifestación de una cultura
destinada a la protección animal.